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Paisajes y Tradiciones han sido fuente de inspiración para muchos de
los más importantes compositores de la historia, lo cual nos ha
dejado un legado de obras, donde cada época ha dotado de un color y
una sonoridad distintas a nuestro rico patrimonio.
Isaac Albéniz,
uno de los compositores españoles más importantes del siglo XIX,
especialmente por sus obras para piano, de inspiración nacionalista
y lenguaje moderno, estrenó la Suite Española en 1886, con
ocho números dedicados a regiones y ciudades españolas. Albéniz supo
portear el peligro de utilizar los motivos populares, revistiéndolos
con un ropaje armónico, cortado siguiendo los patrones de la música
europea.
Otro ejemplo de
Suite Española es la de Enrique de Ulierte. Esta potente
suite consigue a lo largo de todos sus movimientos unir el más puro
estilo popular español, con interesantes armonías contemporáneas, en
algunos casos más que atrevidas. Desde el Fandango inicial hasta el
rítmico Zapateado final, la obra mueve al oyente (y al intérprete)
al baile. La expresiva Granadina y la Malagueña confirman a
esta Suite como una de las más logradas en este género.
Pascual Cándido, uno de nuestros
contemporáneos dedicados por entero a la música de Pulso y Púa,
ha dedicado una obra al mediterráneo Suite Mediterránea,
dentro de su característico estilo, donde mezcla ritmos de amalgama
con melodías fieles a su estilo, consiguiendo una viveza singular.
Otra vida
enteramente dedicada a los instrumentos de pulso y púa fue la de
Germán Lago, uno de los precursores de estas formaciones, tal
como las conocemos en la actualidad, con la Orquesta Ibérica, de la
que fue fundador y director del 1928 a los años sesenta. Como legado
de esta orquesta, quedó el archivo musical, donde figuran todas las
transcripciones de su director, y de las cuales nos seguimos
valiendo en la actualidad para la interpretación de obras para
nuestros conciertos.
Para
completar el programa, otro toque de música tradicional, pero esta
vez latinoamericana, de manos de Astor Piazzola, compositor y
músico del siglo XX, que internacionalizó la música argentina.
Quizás no haya existido hasta el
presente algún compositor argentino de su talla. Su obra alcanza a
las 3000 composiciones de las cuales fueron grabadas casi 500.
Además de tangos como: "Adiós
Nonino", "Verano Porteño",
"Para lucirse", "Libertango", "El desbande", "Contrabajeando", entre
otros, escribió la opereta "María de Buenos Aires", sonatas como
"Sonata nº 1 opus 7", preludios como "Preludio en do sostenido menor
para violín y piano" y muchas composiciones más acompañadas de ese
sabor neoclásico que aprendió de Alberto Ginastera, su profesor y
guía musical.
Entre dos
tendencias pende su vida artística durante muchos años: la música
contemporánea y la música popular. Disyuntiva que a la postre sería
irreal, ya que no se inclinaría por ninguna opción, sino más bien
tomaría elementos de su estudio para componer su música. Es
resistido, como todo vanguardista, por ambos ambientes musicales.
Sus conciertos no tienen alma, se dice. Su tango no hace bailar, se
comenta. |